Lunes, 15 Agosto 2016 11:24

Sobreprotección parental

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El objetivo principal de los padres es facilitar el crecimiento de los hijos y prepararles para enfrentarse a las demandas que el mundo actual exige. Esta necesidad generalmente se confunde con infravalorar sus capacidades y tratarlos como si tuvieran menos años de los que tienen, actitud que conocemos como sobreprotectora.

Proteger significa amparar, defender y lo hacemos cuando la persona necesita y depende de nosotros, es decir, cuando las capacidades y habilidades de la persona no bastan o no son suficientes para valerse por sí mismos. Pero sobreproteger significa otra cosa, significa excederse, sobrepasarse, impedir un aprendizaje, ir más allá de lo necesario.

Un padre sobreprotector es aquel que resuelve los problemas de sus hijos en lugar de enseñarles a resolverlos, es quien sustituye la ayuda por la suplantación. También quien cede a las peticiones y caprichos de sus hijos con celeridad y dejando para después lo que estén haciendo en ese momento. El padre sobreprotector piensa que tiene la obligación de atender y asistir en todo aquello que necesite o le pida su hijo/a. El niño/a no puede sufrir, no puede tener conflictos, no debe faltarle nada. Su objetivo es impedir cualquier daño o molestia. Entiende la felicidad como la ausencia de problemas y el amparo total.

El problema de la sobreprotección radica, en que en ese interés por impedir y evitar el daño o alejar los problemas, también evitamos que el niño/a asuma obligaciones y responsabilidades, desarrolle sus capacidades, afronte conflictos, aprenda de la experiencia, conozca mejor su entorno y vaya construyendo su autonomía. Para el profesor Méndez Carrillo lo ideal es fortalecer la personalidad entre los 8 y los 12 años, destacando el riesgo de contribuir a la aparición de personalidades débiles cuando la sobreprotección se erige en el estilo mayoritario.

El padre sobreprotector discute con el profesor cuando su hijo le dice que el profe le tiene manía, discute con el entrenador cuando su hijo le dice que no quiere entrenar. Su interés no es la solución del problema, su única preocupación es demostrarle a su hijo/a que lo apoyará siempre, con o sin razones objetivas. Allí donde el niño/a tenga un problema estará su padre/madre para defenderle y enfrentarse a quien sea, generalmente lo hará con enfado, porque parte del supuesto de que su hijo está siendo maltratado.

Una situación habitual en las Escuelas de Fútbol son las quejas del niño/a y la consiguiente desmotivación ante los entrenamientos y/o los partidos. Veamos esa situación con algo más de detalle: “Mi hijo ya no viene al fútbol como al principio”, “el entrenador no cuenta con él, nunca le dice nada”, “le veo triste y sin ganas de jugar al fútbol”, “el entrenador le está quitando la ilusión”………..Para describir lo que os proponemos en estas situaciones de una forma más didáctica estableceremos tres niveles de actuación:

Nivel 1: Identificar el problema. Definirlo. Barajar opciones y decidirse por una solución en el plano personal. ¿Qué debo hacer yo?

Cuando nuestro hijo nos dice o en nosotros aparece cierta disconformidad, deberemos cuestionarnos la veracidad de la creencia y decidir qué hacer. ¿Lo pienso sólo yo o coincido con otros padres?, ¿hablamos de una conducta generalizada o la muestra sólo con nuestro hijo/a?, ¿hay evidencias que confirmen lo que pienso?, ¿estoy siendo justo o me mueve el enfado?, ¿intervengo yo o hablo con mi hijo/a sobre cómo afrontar la situación?........

Nivel 2: Comunicar el hecho a la Coordinación o Dirección deportiva y buscar conjuntamente una solución.

En este nivel, nuestra actitud e interés será ceñirse a lo que el niño dice y lo que nosotros observamos. No nos empeñamos en buscar culpables. No amenazamos. Colaboramos y buscamos soluciones satisfactorias para ambas partes.

Nivel 3: nivel del cambio.

Agotadas las actuaciones que demandan los anteriores niveles, nos fijamos en el cambio de equipo (entrenador) o baja y cambio de Escuela (satisfacer compromisos con la Escuela) o abandono de la Escuela al final de temporada o cambiar de deporte.

 

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