Jueves, 23 Marzo 2017 09:03

Alevin E

Publicado en Fútbol 8
Domingo, 19 Marzo 2017 11:04

Evolución de amonestaciones y sanciones

Podemos felicitarnos porque temporada a temporada vamos cumpliendo el objetivo de disminuir el número de sanciones y amonestaciones arbitrales. En el apartado de tarjetas rojas directas es evidente la disminución a pesar de ir aumentando el número de equipos y en lo correspondiente a las tarjetas amarillas podríamos decir que nos mantenemos en margenes aceptables, pero claramente disminuibles. Refrendando lo dicho, hace 4 temporadas y con sólo 5 equipos finalizamos con 231 amarillas y 26 rojas directas, y en estos momentos, con casi el doble de equipos (9) igualamos en amarillas y nos desmarcamos claramente en lo correspondiente a rojas directas (Tabla F11)

Como negativo y por tanto con necesidad de algún tipo de intervención, acumulamos bastantes amonestaciones por disconformidad arbitral y discusión con los contrarios, un total de 53 tarjetas por estos motivos.

Para finalizar, seguimos constatando que las amonestaciones y sanciones, o dicho de otra forma las conductas antideportivas se relacionan directamente con la edad. Los juveniles muestran mayor número de tarjetas que los cadetes y estos más que los infantiles. Este dato que no es nuevo y que podría justificarse por la vía psicobiológica, no queremos pasarlo por alto, ni darle tintes de normalidad, así que nos hemos propuesto establecer nuevas metas pensando en la temporada que viene.

Publicado en Noticias

Se dispara la demanda de coachs. Abonan esta situación, algunos programas de TV, algunas empresas, algunos directivos, algunas federaciones deportivas y algunos deportistas. Estas peticiones es muy probable que no se fundamenten en el conocimiento, sino que más bien respondan al descubrimiento de algo aparentemente novedoso que trabaja lo personal sin el estigma que acompaña a la psicología. No es lo mismo, ni tiene el mismo impacto, decir tengo coach, signo de modernidad, que tengo psicólogo, informe o proclama de candidato a loco o trastornado, que genera dudas para la dirección de su vida y de la empresa. Trabajar con un coach se interpreta como apoyo de un colaborador y trabajar con un psicólogo muestra debilidades y deficiencias, absurdo pero cierto.

Pero, ¿qué es el coaching? Quienes lo defienden y promocionan, no es mi caso, dicen que es un proceso de acompañamiento que busca la mejora competencial del individuo desde el autodescubrimiento. Es decir, el coach no da soluciones, ayuda a encontrarlas. Bajo este paraguas acaparador, a mi gusto limitado, se ofrece una eficacia cuestionable y un proceder escaso, que acaba recurriendo a otras técnicas psicológicas (visualización, programación por objetivos…) conformando un mix que sigue denominándose así, coaching, pero que confirma la tesis que intento defender, que el coaching es una moda usurpadora e intrusiva que no ha inventado nada y basa su éxito en una etiqueta poco molesta. Cada vez tengo más claro que el coaching es un parásito de la psicología.

Hablando en nombre de sus defensores, cosa que me supone un cierto esfuerzo, diré, que en un principio, al coach se le va a pedir que sepa preguntar, que sepa escuchar, que pueda ponerse en el lugar del otro con facilidad, que sea un buen observador y además, se caracterice por la rapidez mental para repreguntar desde el análisis de la respuesta que proporcione el sujeto, todas ellas, habilidades y capacidades que habitan en el territorio psicológico y por tanto demandables y exigibles al psicólogo. Y es ahí donde empieza el problema, tenemos algo que está al alcance de muchas personas, con procedencias diversas y distintas, que se intenta presentar como una profesión. Pero para que entiendan el disparate o la broma, imagínense a alguien que dice ser un interrogador personal, un busca grietas, un técnico de automóviles que sólo sabrá cambiar el limpiaparabrisas o las ruedas.

Pero la farsa no acaba ahí, ya estamos en la fase de la especialización, se habla de coaching personal, coaching deportivo, coaching educativo, coaching ejecutivo, coaching organizacional, bla, bla, bla y humo. Para mí y como ya he manifestado en otras ocasiones, el coaching es una puerta abierta para que personas sin una formación adecuada practiquen la psicología. Desde esa perspectiva, es inaceptable que cualquiera que se presente con la etiqueta de coach no pueda acreditar una licenciatura o un grado en psicología, eso también se llama intrusismo.

Mi crítica también la extiendo a aquellos colegas que aprovechando el momento del mercado, el de la oferta y la demanda, agregan a su profesión de psicólogo la coletilla de coach y colaboran en una promoción diferencial. Si es lo mismo, sobra la “y” más lo que sigue. No se pueden poner al mismo nivel, una ciencia y un artilugio, un área de conocimiento y una diminuta expresión de ese conocimiento, una profesión y una moda, las evidencias y los milagros, el reconocimiento y la tendencia. ¿Se puede hablar de psicólogo y coach al mismo tiempo?

Y por si fuera poco, la confusión, a la vez que lo propicio del momento, permite que haya personas que en nombre del coaching, practiquen el mentoring o el counseling, es decir, abandonando la esencia que pregonan se adentran en prácticas de ayuda más directivas, donde más que descubrir, se aplican los conocimientos y la guía que aporta el mentor, el consultor o el consejero para beneficiarse y mejorar. A mí me sigue pareciendo todo esto un disparate, una broma, coaching que no es coaching, coaching para todo, hacer una profesión de una actuación. A falta de que se regule el ejercicio profesional del psicólogo, se delimiten competencias y funciones, y las personas tengan claro a que profesionales dirigirse según que cosas, es necesario afirmar y dejar claro, que el coaching es a la psicología, como una hoja a un libro extenso o como el socorrismo a la medicina o como una piedra a una cantera.

No abandones la web sin escuchar la canción "Necesito un coach" de Víctor Lemes: https://www.youtube.com/watch?v=duXrY9YyNUI

 

Lunes, 20 Febrero 2017 15:05

Casos y cosas del Fútbol Base

Veamos algunas actitudes y circunstancias que acaban generando conflictos y/o malas relaciones entre dos colectivos importantes en las vivencias de los jugadores, los padres y la dirección de la Escuela. Se sabe, que cuando la actitud en los padres persiste y se instalan en su visión negativa de todo, el pronóstico es una búsqueda continua de Escuelas hasta encontrar aquella que satisfaga sus deseos, cosa improbable e innecesaria. Recordamos que para la parcela técnica sólo hay un entrenador, es difícil dirigir un equipo por consenso colectivo. Veamos algunos casos.

Objetivo: ser jugador profesional

Aspiración paterna: destacar.

Primera historia: Juan es un jugador físicamente fuerte, su padre quiere que juegue de delantero y su entrenador aprovecha sus virtudes situándolo en punta. Sus compañeros le pasan todos los balones que pueden y el equipo gana. Juan mete muchos goles, todos están muy contentos, pero su aprendizaje está hipotecado por la rigidez de su juego. El éxito temprano le está haciendo pagar un precio excesivo, no desarrollar otras habilidades técnicas y tácticas.

 El resultado no puede ser el único indicador de progreso. Buceta dice: “no hay predictores de futuro deportivo o de éxito futuro, pero algunos son mejores que GANAR”, y cita:

 1.    Sus futuras condiciones físicas (altura, velocidad, flexibilidad….).

2.    Su facilidad para asimilar los recursos técnicos que se requieren en la elite para conseguir precisión, profundidad, acierto…….

3.    Su inteligencia táctica o capacidad para leer el juego y tomar decisiones apropiadas, arriesgar o actuar con prudencia.

4.    Su ambición en relación con el coste que quiere asumir (sacrificio y esfuerzo).

5.    Su tolerancia a la frustración y a los contratiempos. Su gestión del éxito y el fracaso.

Objetivo: ser jugador profesional

Aspiración paterna: ganar, ganar y ganar.

Segunda historia: Juan es un padre ganador, dice que no le gusta perder ni al parchís. Esta actitud se la está transmitiendo a su hijo Juanito. Si quieres ser alguien en la vida tienes que ser el mejor. Sin querer Juan le está inculcando a Juanito que el valor personal te lo da el éxito profesional, si ganas, vales y si no ganas, no eres nadie. Como consecuencia de esta creencia, Juanito cuando pierde, llora, se enfada, se siente un inútil, no quiere hablar con nadie. Juan además suele decirle que son muy malos, que vaya mierda de equipo. Sábado si y sábado también, tenemos un drama y hacer del juego un suplicio no ayuda. Al final puede que Juanito se replantee seguir jugando a fútbol, la ilusión de su padre.

 Sería importante que JUAN reflexionara sobre su actitud, y debe saber, que:

 1.    En estas edades, la competición es una actividad más del proceso formativo, deportivo y humano. Es un medio, no es un fin. No entrenamos para competir, la competición forma parte de nuestro entrenamiento.

2.    Con demasiada frecuencia los deportistas son usados para satisfacer las aspiraciones de los adultos. Generalmente se compite por el ego del Club, del entrenador o de los padres.

3.    Cuando se compite para ganar, se utilizan las estrategias de los mayores, se imita a los profesionales, controlar el balón, evitación del riesgo, lo hacemos todo muy adulto, prescindimos de aquellos elementos que nos hacen crecer, como la creatividad, la audacia, el riesgo, estamos limitando el crecimiento de los chavales.

Objetivo: ser jugador profesional

Aspiración paterna: entrenar siempre al máximo.

Tercera historia: Juan es un padre muy preocupado por el futuro de su hijo y le gustaría que las cosas sucedieran con más rapidez. Juanito tiene 7 años y Juan cuando lo mira ya lo ve jugando en la SUB-17. Comenta los partidos, analiza los entrenamientos, el tiempo de trabajo, los descansos, el tipo de ejercicios. Ha llegado a un nivel de exigencia, que casi nunca está de acuerdo con lo que se hace. Pocas cosas le parecen bien y él siempre se queda con ganas de más. Le dijeron que era una buena Escuela, y ahora se siente defraudado y de alguna forma engañado.

 Sería importante recordarle a JUAN, que:

 1.    Los entrenamientos no se miden sólo por lo físico y el cansancio que generen.

2.    Es difícil juzgar como entrena un equipo si no se conoce el Plan Global y los objetivos de la sesión y los ejercicios. Desde la grada esa información es inalcanzable.

3.    El entrenamiento no es un espectáculo, no se programan las sesiones para entretener a la grada. Podrá haber más trabajo o menos en función del interés del entrenador, del momento de la temporada, la proximidad de la competición, del Plan, etc.

4.    Ejercer de crítico también exige serlo con uno mismo, ¿me mueve la objetividad?, ¿estoy siendo justo?, ¿se de lo que hablo?, ¿puedo juzgar con el conocimiento que tengo?, ¿me estoy precipitando?......

 

Texto extraído e inspirado en el libro “Mi hijo es el mejor y además es mi hijo” del psicólogo y profesor de la UNED José María Buceta (Ed. Dykinson).

Publicado en Padres