Lunes, 23 Marzo 2015 01:47

Dirigiendo y jugando con enfado

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¿Cómo se desencadena el enfado?, en ocasiones por intromisión, también por insulto, por vulneración, por frustración….., vemos que puede deberse a diversos motivos, todos ellos relacionados directamente con la interpretación que hace la propia persona de la situación, con influencias de creencias, experiencias y tendencias. A veces se piensa que se ha producido una vulneración de derechos, otras se cree que se han sobrepasado los límites personales establecidos, en ocasiones aparece por un incumplimiento de los objetivos o las expectativas o una violación de sus normas o valores. Nos invadirá la ira, cuando estemos convencidos de que las cosas deberían ser de una determinada manera y sin embargo los hechos no nos respalden, cuando lo que acontece no se acerca a lo que debería ser según nuestros criterios y creencias.

Hasta aquí la introducción, porque ahora lo relacionaremos con nuestro deporte. Lo que ya podemos adelantar es que siendo la ira una emoción normal y saludable, muy pocas veces tendrá una justificación aceptable cuando jugamos a fútbol o practicamos un deporte. Dicho de otra forma, ¿podemos admitir el enfado durante la disputa de un partido?, pues NO y por diversas razones, por su génesis no aceptable y por sus consecuencias en el juego.

Veamos algunas secuencias ejemplo en las que se dispara la ira como consecuencia de un pensamiento irracional, los habituales como estoy queriendo demostrar.

  • Entrenador dice (se oye): ¡joder, sigue, sigue, me cago en la puta, no saques de la zona a Juan!
  • Entrenador piensa (no se oye): “No hay forma, este tío siempre va a la suya, no hace ni puto caso, es tonto del culo”.
  • Características del pensamiento: no respeta mi autoridad (va a la suya) y descalificación (tonto).
  • Preguntas que cuestionan el pensamiento y cuyas respuestas lo harán inaceptable: ¿errar o equivocarse es de tontos?, ¿reaccionar de una forma específica es saltarse la autoridad del entrenador?, ¿los jugadores son autómatas dirigidos?, ¿en todo momento un jugador conoce lo que su entrenador quiere?, ¿es posible estar en perfecta sintonía con el banquillo?, ¿es necesario resaltar los errores?, ¿a qué ayuda gritar de forma no amistosa?, ¿es posible definir lo que ha pasado de otra forma?......

Con los jugadores se reproduce el mismo esquema, veámoslo.

  • Jugador dice (puede oírse): ¡árbitro no lo has visto, me ha empujado él!
  • Jugador piensa (no puede oírse): “la ha tomado conmigo, que malo es, que tío más burro”.
  • Características del pensamiento: persecución, violación de derechos (la ha tomado conmigo, va a por mí), descalificación (burro).
  • Preguntas que cuestionan el pensamiento y cuyas respuestas lo harán inaceptable: ¿un árbitro puede equivocarse?, ¿puedes haber hecho algún gesto que lo haya confundido?, ¿nunca cometes faltas?, ¿señalarte una infracción es perseguirte?, ¿todas las faltas te las ha señalado a ti?, ¿el árbitro tiene las mismas referencias que tú, dispone de la misma información?.........

Se trata de breves, aunque representativos ejemplos de un proceder que despierta la ira, alimenta la agresividad y no proporciona ninguna ventaja competitiva. Generalmente, cuando cuestionas los (tus) pensamientos no aparecen razones objetivas, ni evidencias que los justifiquen, muy al contrario lo que aparece es una manera estereotipada de atender determinadas situaciones, junto a una demostración de fijeza mental, deficiencias o carencias que pueden ser superadas con entrenamiento psicológico. No te enfades, nunca juegues o dirijas enojado, seguro que estas equivocando la diana.